DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES


Está en la naturaleza del hombre imponerse sobre el mundo animal, pero esto en sí mismo no guarda relación alguna con tener derechos.

En cierto momento de la historia de la humanidad, alguien concibió la noción de «derechos», y es sólo el hombre quien hace uso de este concepto. ¿Por qué entonces nos referimos a derechos de los animales? La respuesta es bien sencilla: los derechos de los animales tienen como objeto poner límites al comportamiento humano. Si fallamos al imponer límites legales claros al comportamiento humano en relación con los animales, sería imposible iniciar procesos contra quienes exceden estos límites.

Los animales son vulnerables, sin defensa y completamente sometidos al poder del ser humano. Quienes pasan por alto el bienestar de los animales, son responsables de atentar contra los derechos de los animales. Las maneras en las que nos relacionamos con ellos y los derechos que les otorgamos, tienen que ver con la ética, y ésta, debe tener su origen en la compasión, el respeto y el aprecio desinteresado hacia quienes, aunque distintos en apariencia, son semejantes ante los ojos del Amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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EN LA MONTAÑA - Yak

 

Reino:
Filo:

Clase:
Orden:
Familia:

Género:

Especie:

Nombre binomial:

Animalia
Chordata
Mammalia
Artiodactyla
Bovidae
Bos
B. grunniens
Bos grunniens

 

 

El yak salvaje es clasificado como Poephagus mutus (también llamado «buey gruñón» o «búfalo con cola de caballo»), en tanto que el yak doméstico, está clasificado como P. grunniens.

 

El yak salvaje puede vivir en las pasturas poco abundantes que se encuentran a alturas de entre 4.000 y 5.000 metros, donde la media anual de temperatura está próxima a 0°C, y la temperatura invernal puede caer hasta los -50°C. Son los ungulados que pueden vivir a mayor altura sobre el nivel del mar.

 

La especie habita las zonas aisladas de la Meseta Tibetana y las alturas vecinas de la China. Puede también ser visto en las zonas más aisladas de Cashemira y tal vez en Bhután.

 

Los yaks salvajes son mucho más grandes que sus parientes domésticos. Los toros adultos alcanzan 1.5 - 2 m. a la cruz, y pueden pesar hasta 1.000 kg.

 

 

 

A mayores alturas, cuando los caballos se quedan rápidamente sin aire, los yaks pueden fácilmente ganarles en carrera.

 

El dimorfismo sexual es muy pronunciado, siendo las hembras mucho más pequeñas que los machos.

 

El yak salvaje tiene cuernos muy largos, de hasta 90 cm., que son a menudo transformados en recipientes para la leche por los criadores nómadas. Los cuernos se encuentran en ambos sexos, aunque los de las hembras son considerablemente más pequeños y más cortos, en ambos casos crecen curvándose hacia atrás.

 

Las patas son cortas y las pezuñas son grandes, como parte de una adecuada adaptación a los entornos montañosos. La longitud de la cola puede alcanzar los 60 cm.

 

Se alimentan de plantas bajas y carecen de depredadores, aunque pueden sufrir el ataque (muy raramente) de los osos.

 

Todos los yaks salvajes son marrón oscuro hasta casi negro, con una línea dorsal gris plateada, una banda gris alrededor del morro y una joroba sobre sus hombros. Son animales violentos y desconfiados.

 

El periodo de gestación es de 258 días. Los partos se producen cada dos años, y en ellos dan a luz a una sola cría, que será destetada alrededor del año de vida.

 

Alcanzan la madurez sexual a los seis años de edad, y se les estima una esperanza de vida de 23 años.

 

La temporada de apareamiento comienza en septiembre, con una duración de varias semanas en las que los toros luchan entre sí por las hembras. Las crías nacen normalmente durante el mes de junio, coincidiendo con la temporada de mayor abundancia en la meseta Tibetana.

 

No existe estimación del tamaño de la población de esta especie, pero probablemente no sobrepasen algunas centenas de ejemplares. Avistamientos realizados por la Academia Sínica en China entre 1973-76 dan cuenta de 800 animales; sin embargo, informes recientes provenientes del Tíbet indican que la fauna salvaje en ese país ha disminuido considerablemente y que el yak ha sido casi exterminado.

 

 

 

Esta marcada disminución de las poblaciones de yak, se debe fundamentalmente a la caza no controlada. Los hatos que subsisten, están dispersos por las zonas más aisladas de su antigua zona de distribución.

 

No hay yaks salvajes en los parques zoológicos. Los yaks domésticos mostrados en esos lugares, son generalmente de un tipo degenerado, ya que este animal no está adaptado a las bajas alturas.

 

Se considera generalmente que el yak fue domesticado por primera vez en el Tíbet o sobre las pendientes norte del Himalaya, aproximadamente 2.500 años a.C., y es probable que hayan existido estrechos contactos entre el yak y el hombre desde siempre, a partir de las primeras migraciones a las altas montañas de Asia.

 

El yak doméstico difiere poco en apariencia de su antepasado salvaje, excepto que son bastante más pequeños, tienen cuernos más cortos y más finos, y el color del pelo puede ser negro, pardo, blanquecino, e incluso manchado de varios colores.

 

En la actualidad, la cifra de ejemplares domésticos se calcula en más de un millón. Sobre las altas mesetas del Tíbet, durante la estación sexual, de julio a septiembre, se ha informado que yaks salvajes se mezclan con hatos de yaks domésticos para cruzarse. El cruce entre las dos especies produce un híbrido normalmente fértil.

 

Los yaks domésticos son excelentes animales de carga y de silla, y pueden cargar hasta 150 kg. A mayores alturas, hasta los 6.000 metros, un yak puede llevar una carga o un hombre a marcha moderada durante varios días seguidos y quedar en buen estado.


En Asia Central se les emplea para llevar cargas y tirar del arado. También se crían por su carne, leche (de color rosa, con la que se hacen quesos y mantequilla de gran calidad) y pieles. El yak es un animal muy apreciado por ello en el Tíbet, donde las familias adornan a sus animales con cintas tanto para diferenciarlos de los demás, como por simples motivos estéticos. La leche tiene un tenor graso muy elevado, y en algunos lugares, la manteca del yak es utilizada en grandes cantidades como alimento y como aceite para iluminación.

 

Los largos pelos sedosos tienen utilización textil.

 

Los yaks son los únicos bovinos capaces de sobrevivir a tales alturas. Sobre las alturas frías pueden trabajar y producir leche y carne en forma más eficiente y económica que las vacas. En las zonas más bajas de su área de distribución, el yak es a menudo cruzado con los otros bovinos. El macho es habitualmente un toro doméstico y la hembra es yak. El híbrido, de los cuales la hembra es fértil en tanto que el macho es estéril, es llamado «dzo». El «dzo» es preferido para trabajar la tierra en el Tíbet, puesto que se dice que el yak doméstico es testarudo.

 

 

 

En el pasado el yak salvaje ha sido a menudo designado como Bos mutus y el yak doméstico como Bos grunniens, aunque parece mucho más apropiado clasificar a ambos animales en el género Poephagus.