En la Montaña
Corzo


REINO
Animalia
subFAMILIA
Capreolinae
FILO
Chordata
GÉNERO
Capreolus
CLASE
Mammalia
ESPECIE
C. capreolus
ORDEN
Artiodactyla
nombre binomial
Capreolus capreolus
familia
Cervidae
   
       
 

Longitud: entre  unos 160 y 250 cm.
Alzada a la cruz: 76 cm.
Peso: Entre 15 y 30 kg., estando la media en 20-21 kg.

El corzo es un animal de pequeño tamaño, similar al de una oveja, y con coloración uniforme, que varía con la época del año, pasando de una coloración grisácea en invierno, a un pelaje estival de tonalidad castaña.

Está provisto de una cola muy corta, de apenas unos centímetros, que se pierde en el característico escudo anal de la especie, éste en forma de corazón invertido y color blanco en invierno y más amarillento en verano. El bozal negro, que contrasta con el color blanco de la barbilla y labio superior, es otro rasgo muy marcado en la especie, que resulta inconfundible dentro de los cérvidos.

Al tener las cuartos traseros más largos y elevados que los delanteros, adopta un aspecto desproporcionado, viéndose  obligado a andar a pequeños saltitos, lo que le confiere, además, un aspecto grácil y simpático.

El corzo, que emite un sonido llamado «ladrido», por su similitud al de los cánidos, se considera un animal predominantemente forestal, que sale a campo abierto en contadas ocasiones durante el final del invierno y la primavera para añadir algunas hierbas a su dieta, basada en el consumo de hojas de arbustos y árboles bajos, así como bayas y brotes tiernos.

Sus hábitos son crepusculares, viéndosele rara vez durante el día, que suele pasar escondido entre la espesa vegetación.

El tamaño del corzo, también de su cuerna, va a depender mucho del alimento y estado de salud del animal, también hay diferencias locales de tamaño dentro de la población ibérica, siendo los corzos cantábricos los que alcanzan mayores tallas y pesos, mientras que los andaluces son sensiblemente menores, seguramente como adaptación a un clima y vegetación determinados.

Los machos tienen una cuerna poco ramificada que pierden entre octubre y noviembre, comenzando a crecer el mismo día del desmogue previo, y está totalmente completa y mineralizada entre marzo y mayo. La cuerna se compone de una guía principal acabada en punta, que se inserta en los pivotes óseos del cráneo mediante un ensanchamiento denominado roseta. Aproximadamente en la primera mitad anterior de esta guía principal surge una punta dirigida hacia adelante y hacia arriba denominada luchadera. En el último tercio de la guía de la cuerna aparece una segunda punta, dirigida posteriormente, denominada garceta. Así, la configuración de la cuerna del corzo es relativamente sencilla y con tres puntas.

Considerado una especie marcadamente territorial, en el caso de los machos, mantienen una zona de exclusión frente a otros congéneres de su mismo sexo durante gran parte del año, prolongándose el período de celo de los machos durante casi 6 meses al año (de abril a septiembre). El dominio vital de los machos territorialistas está en torno a las 7 hectáreas.

La reproducción del corzo viene condicionada por el fenómeno de la diapausa embrionaria, por la cual el óvulo permanece flotando en el útero de la hembra desde el momento de la fecundación (julio-agosto) hasta principios del invierno (diciembre) comenzando entonces un ciclo de gestación normal, produciéndose los partos a finales del mes de abril. Su aparente éxito demográfico, y su alto índice reproductor se deben a este fenómeno. Los corzos son los únicos artiodáctilos que tienen implantación diferida.

Todas estas características, unidas a su gran plasticidad adaptativa a todo tipo de hábitats, incluso islas, a las que ha podido acceder aprovechando sus óptimas cualidades nadadoras, así como llanuras cerealísticas, siempre que cuenten con una mínima cobertura vegetal en la que completar su ciclo biológico, ha motivado la amplia distribución de la especie, de la que se ha constado en los últimos años una expansión notable, habiendo ocupado territorios en los que su presencia era desconocida.

La historia evolutiva del corzo se encuentra llena de altibajos demográficos, lo que también indica una extraordinaria fragilidad ante fenómenos como deforestaciones, presión cinegética, predación, inviernos duros, etc.

El corzo se encuentra por la mayor parte de Europa, así como en una franja de Asia central que llega hasta el Pacífico. Es muy abundante en Europa oriental y central, sobretodo en Dinamarca, Australia y Alemania, también está presente en Gran Bretaña, faltando tan solo en el extremo septentrional del continente y en Irlanda. Los principales núcleos poblacionales de la Península Ibérica ocupan la Cordillera Cantábrica, Pirineos y los Sistemas Ibérico y Central. Desde ellos se encuentra en proceso de expansión. Reductos poblacionales se encuentran, además, en Montes de Toledo, Sierra Morena, el este de Extremadura y en las sierras andaluzas de Jaén y Cádiz.

En libertad puede alcanzar los catorce años de vida, aun cuando su vida media está en torno de los 8 o 9 años. La mortalidad es muy alta en el primer año de vida del animal.

Tradicionalmente se ha considerado que «al volverse rojo y ha escodado, el corzo entra en celo», lo que equivale a decir que es en verano, época en la que adopta la coloración estival cuando entra en celo. En esta época del año se producen unos característicos círculos en la vegetación y en torno a árboles y arbustos llamados popularmente como «círculos de brujas», al correr los machos detrás de las hembras. 

Después de la fecundación, el óvulo de la hembra permanece estacionario cerca de cuatro meses, es decir, hasta la mitad de diciembre, en cuyo momento empieza a desarrollarse con singular rapidez. Por lo tanto, la gestación tiene una duración total, en todas sus fases, de unas cuarenta semanas, aunque la verdadera gestación dura unos 130 días.

Cuatro o cinco días antes del parto, la hembra se retira a un lugar aislado del bosque. Las jóvenes suelen dar a luz una sola cría en cada parto, y las de edad más avanzada, dos y a veces tres. La madre esconde a los recién nacidos durante el mayor tiempo posible, y al menor peligro les advierte del mismo golpeando el suelo con una pata o emitiendo un silbido especial. Durante la primera semana de vida de los corcinos, éstos permanecen escondidos entre el matorral, si son gemelos, permanecerán separados unos 20 metros el uno del otro.

Las crías, llamadas corcinos, también recentales, nacen con un pelaje salpicado de manchas redondeadas, blancas y negras, que irán desapareciendo con la edad. Las crías son muy indefensas en esta época de su vida, pero son defendidas con virulencia por las hembras que pueden dar fuertes coces con sus patas delanteras. A los ocho días del parto, la hembra lleva ya a sus hijos a pastar, y pasados diez o doce días más ya son lo bastante robustos para seguirla a todas partes, y comen material vegetal a partir de los dos meses, que alterna con la leche materna hasta la entrada del invierno.

Las hembras son fértiles al primer año de vida y carecen de climaterio, lo que significa que hasta que terminan sus días continúan pariendo. Ilustrativamente se ha dicho que las hembras de corzo «mueren pariendo».

 

El corzo es un herbívoro, muy exigente en cuanto a su alimentación,  condicionada  por el reducido volumen estomacal, lo que le obliga a modificar su comportamiento en dos aspectos: en primer lugar debe comer en breves intervalos, seguido de pequeños periodos de reposo, alimentándose de las hojas y brotes de las especies arbóreas y arbustivas que encuentra en su zona de distribución. Se estima que las necesidades alimenticias por kilo de peso, son superiores en el corzo que en el ciervo. El peso con el que el corzo llega al invierno es básico para su supervivencia, de modo que se considera que tan solo superarán el invierno los corzos que llegan a estación con un peso superior a los 12-14 Kg.

Se le encuentra en bosques de todo tipo e incluso en aquellas etapas de degradación, como son matorrales o zonas adehesadas. En la Península Ibérica no es habitual encontrarle en zonas de cultivo de cereal, hecho común en poblaciones centroeuropeas. A pesar de que el corzo pueda habitar la casi totalidad de las formaciones boscosas ibéricas, las ofertas de cada uno de ellos en relación a variables como refugio, comida o competencia, pueden modificar aspectos en su ecología. En efecto, parece evidente que la densidad poblacional, por ejemplo, se vea afectada por estas variables, pero aspectos como la sex-ratio en el nacimiento, la dispersión de los jóvenes o la territorialidad, se encuentran relacionados por el lugar en donde los individuos desarrollan sus ciclos.

El macho es mayor que la hembra.

El lobo es su principal enemigo natural, siendo la especie más consumida por este cánido. También es víctima de otros carnívoros como el zorro y el lince, y en menor medida por el oso. También el águila real tiene entre sus víctimas al corzo.

En los últimos años estamos asistiendo a un claro avance demográfico de especies cinegéticas mayores que, como el corzo y el jabalí (Sus scrofa), han sabido adaptarse a los nuevos usos de nuestros campos y sierras, y han desarrollado estrategias de desarrollo adecuadas a las nuevas condiciones. Sin embargo, esta prosperidad poblacional ha provocado el resurgimiento de problemas asociados a otros recursos humanos (daños agrícolas, siniestralidad en carreteras...). Además, y provocado por el declive de las especies cinegéticas menores, el mundo de la caza ha trasladado sus objetivos, en gran medida, hacia los ungulados, con lo que se está produciendo una excesiva presión cinegética sobre especies como el corzo, en perjuicio de su sostenibilidad en el equilibrio con el resto de los aprovechamientos humanos del medio natural.

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