En la Montaña
Conejo


REINO
Animalia
infraclase
Placentalia
FILO
Chordata
orden
Lagomorpha
subfilo
Vertebrata
familia
Leporidae
superclase
Tetrapoda
género
Oryctolagus
clase
Mammalia
especie
O. cuniculus
subclase
Theria
nombre binomial
Oryctolagus cuniculus
       
 

Longitud del cuerpo: entre 40 y 45 cm.
Longitud de la cola: de 4 a 6 cm.
Longitud de las orejas: de 7,5 a 9 cm.
Alzada a la cruz: de 15 a 20 cm.
Peso: de 900 a 1.500 gramos.                                              

Estatus de la especie: Especie cinegética que no se encuentra amenazada, ni en peligro.

El conejo es un popular mamífero de mediano tamaño, pelo suave y corto, orejas largas y rabo corto.

Es una especie fundamentalmente crepuscular y nocturna,  que constituye pieza clave en nuestra fauna, y que hasta 1912 se incluía dentro de los roedores, por su similitud con los mismos, si bien a partir de esta fecha, se incluyó taxonómicamente dentro del grupo de los lagomorfos, al ser evidentes las diferencias entre uno y otro orden: los roedores tienen un par de incisivos en la mandíbula superior que encajan perfectamente con el par correspondiente de la mandíbula inferior; mientras que los lagomorfos, tienen más desarrollados los dientes de la mandíbula superior, que no encajan con los de la inferior (de aquí que se llame a este tipo de dientes tan característicos de la especie como «dientes de conejo»).

El conejo es una especie muy antigua, de modo que por los estudios fósiles se ha podido determinar que antes de la última glaciación, abundaban en una amplia zona de Europa, que incluía a países como Francia, Bélgica, Alemania o la isla de Gran Bretaña. El posterior enfriamiento del continente los fue desplazando hasta el sur, quedando acantonados en la Península Ibérica y Norte de África, de donde volvió a extenderse hasta el norte.

En el siglo III los romanos los llevaron a Italia, pero en el siglo XVI todavía no existían en Alemania, aunque sí han sido citados en algunos conventos, como animales de corral de las comunidades religiosas.

En la antigüedad España tenía fama como país de conejos, hasta el punto de que se considera que el nombre de Hispania, de origen fenicio y del que procede la palabra España, deriva del nombre de este animal. Cátulo, llamaba a esta península «Cuniculosa Celtiberia», y en las monedas hispanorromanas de Adriano, el conejo figuraba como uno de los símbolos de Iberia.

Otra cita histórica curiosa nos viene de la mano de Estrabón, el que refiere la introducción de Hurones  en las islas Baleares, para combatir a los conejos que allí proliferaban, tras fracasar las mismas tropas romanas en su exterminio.  

El conejo es una de las llamadas especies claves o esenciales de la cadena trófica de la fauna ibérica, de modo que se ha estimado que en mayor o menor medida, dependen de él unas cuarenta especies, por lo que se ha considerado a este animal como una especie básica en el conjunto de las especies que integran la fauna del bosque mediterráneo, lo que supone que su desaparición o disminución puede afectar directa o indirectamente a las especies que dependen de él como alimento, tales como el grupo de los carnívoros, sin excepción, aves como las medianas y grandes rapaces diurnas y nocturnas o a reptiles como la culebra bastarda, o la de herradura, o el lagarto ocelado, además del jabalí  y del erizo. Aun cuando el caso más llamativo es el del lince, cuya alimentación básica está integrada en un 70/90% por conejos, de forma que se ha considerado que la causa que más ha influido en la disminución de los linces, hasta colocarlos al borde de la extinción terminal, ha sido la disminución de la población de conejos por las plagas sufridas por este animal.

Una de las características más importantes del conejo, es la de su extraordinaria fecundidad y capacidad para reproducirse. De modo que se ha calculado que la descendencia de una sola pareja, que no tenga interferencias negativas para su desarrollo, puede alcanzar la increíble cifra de 1.848 individuos. Clásica en la literatura científica es la cita de un granjero australiano que tuvo la fatal ocurrencia de introducir en Australia tres parejas. A los tres años de su introducción y debido a que el conejo no tenía en ese continente depredadores naturales, los descendientes de aquellos conejos eran ya 14.000.000 de individuos. Desde entonces su población fue en aumento y aun cuando se idearon todo tipo de métodos para combatirlo, incluida la introducción de zorros, pero éstos, lejos de solventar el problema crearon, una nueva problemática ecológica, al desentenderse de los ágiles y escurridizos conejos, y, por el contrario, afanarse en otras especies más incautas como ocurrió con los marsupiales, que no estaban habituados a la presencia de depredadores, por lo que el efecto aún fue más nocivo y dañino.

En estos momentos la población australiana de conejos se estima en unos 300 millones, con graves incidencias en el resto del ecosistema. Donde sí ha tenido la población de conejos una importante reducción ha sido en el viejo continente, siendo en el año 1952 cuando un  medicó  francés, inoculó el virus de la mixomatosis a unos conejos, que al parecer producían daños en sus viñedos, transmitiéndose el virus de unos ejemplares a otros por los mosquitos y las pulgas de los propios animales.

La enfermedad que se creo es de tal virulencia que se extendió rápidamente por toda Europa, detectándose su presencia en el norte de España en el año 1953 y en el sur en el año 1959. Tal fue la mortalidad que ocasionó la mixomatosis, que en algunas comarcas murieron entre el 95 y el 100 por ciento de la población de conejos.

 

Cuando la población de conejos comenzó a recuperarse de este mazazo, hizo acto de aparición otra epidemia: la enfermedad vírica hemorrágica (EVH), producida por un virus también creado por el hombre, que fue descrito por primera vez en China, y que en el año 1988 también fue detectado en España.

Las incidencias de una y otra enfermedad se complementan en el conejo, de modo que mientras que la mixomatosis afecta a los conejos de modo fundamental en los meses de calor, la EVH lo hace en los meses fríos. Entre ambas, han reducido a un 10% la población de conejos, que se han visto exterminados localmente de muchos lugares. Para combatir estas enfermedades se han empleado muchos esfuerzos por cazadores y administración, aunque sin un resultado definitivo. Hasta la fecha, y contra ambas enfermedades, existían vacunas comerciales que venían siendo empleadas con éxito en las explotaciones de conejo doméstico, sin embargo, debido a que su administración debía ejercerse de manera directa a cada uno de los animales, resultaba ineficaz para controlar estas enfermedades en las poblaciones silvestres de esta especie animal. Ante la problemática detectada y al objeto de encontrar soluciones efectivas a la misma, la Federación Española de Caza se dirigió al Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaría para analizar este tema, firmando ambos Organismos un convenio de colaboración para el desarrollo de una única vacuna contra los dos tipos de enfermedades víricas pensada y desarrollada para el conejo silvestre o de monte, respetando el medio ambiente y su equilibrio.

La transmisión de la vacuna, que ha pasado todas las pruebas impuestas por la Comisión de Bioseguridad, se produce durante los ocho días siguientes a la vacunación y sólo afecta al cincuenta por ciento de los conejos próximos a los inoculados y éstos a su vez la transfirieron al diez por ciento de los conejos no vacunados con los que tuvieron contactos y que ya no pudieron continuar transmitiendo el virus vacunal.

Longevidad: Entre 3 y 4 años en libertad, mientras que en cautividad  puede alcanzar de 6 a 8 años de vida.

Celo: Tiene lugar a lo largo de todo el año, aun cuando los periodos de celo se solapan con los períodos de máxima abundancia de alimento, de modo que la disponibilidad de comida es lo que va a condicionar más la reproducción del animal.

Gestación: La gestación dura de 28  a 33 días.

Época de parto:  Son posibles  de 5 a 7 partos al año, excepcionalmente hasta 11, siendo lo habitual 2 ó 4 camadas al año que se producen dentro de madrigueras, constituidas por túneles de hasta 40 metros de longitud, llamados vivar, que cuentan con varias bocas. Este vivar exclusivamente es ocupado por las hembras de mayor rango social, mientras que el resto de hembras de la colonia, lo hacen en túneles más pequeños llamados gazaperas, de 1 a 4 metros de profundidad, que acaban en una cámara ciega. Tanto los vivar como las gazaperas, son tapizadas con vegetación y pelo del conejo, amamantando a los gazapos tan sólo durante unos 15 minutos al día, siempre por la noche. Tras amamantar a los conejos, la madre abandona la madriguera y deja tapada la boca con tierra para proteger a los gazapos de los depredadores.

Parto: De 3 a 9 crías por camada, normalmente 4 ó 5, que pesan al nacer unos 40-50 gramos, y que nacen con los ojos cerrados, los que mantienen así hasta el décimo día.

Duración de la lactancia: Las crías son amantadas durante unos 25 ó 30 días exclusivamente con leche, pudiendo comenzar a digerir alimento sólido a los 20/21 días, en que son autosuficientes, abandonando la madriguera a los 35 ó 40 días, aunque permanecen en la zona de cría (filopatria) en un radio de 200 a 500 metros.

Madurez sexual: Alcanzan la madurez sexual entre los 4  y 7 meses. Antes cuanto mejor alimentado esté el conejo. Se considera que un conejo es adulto a partir de los 8 ó 9 meses, cuando pesa unos 900 gramos.

 

Alimentación: El conejo se alimenta básicamente de plantas herbáceas y gramíneas, raíces y bulbos, además de cortezas de plantas leñosas y frutos silvestres y de las huertas. Muy curiosa dentro de la etología del conejo, es la producción por el animal de unos excrementos esféricos y húmedos recubiertos de mucus que son reingeridos, tomados directamente del mismo ano, sin masticar, ricos en vitamina B12 y microflora, necesarios para la digestión de la celulosa. La microflora intestinal no se transmite congénitamente y los jóvenes tienen que adquirirla ingiriendo excrementos de su madre, si no lo hacen mueren al poco tiempo, entre convulsiones.

Hábitats: El conejo encuentra su óptimo en el monte y bosque mediterráneo, siendo una especie característica del mismo,  aun cuando podemos localizarlo en una gran amplitud de hábitats que van desde las zonas semiáridas del sureste peninsular, hasta la media montaña, estando más o menos presentes en todo el territorio de España, incluidas sus islas, si bien la mayor densidad la alcanza en el cuadrante suroccidental, coincidiendo con la mayor presencia de carnívoros que se alimentan de él.

Básico para su ecología, es que la textura del terreno  les permita excavar madrigueras. La presencia de agua no es condicionante de su presencia, al poder obtenerla de las plantas y hierbas que come.

Dimorfismo sexual: No apreciable por métodos normales a simple vista, sin contacto manual con el animal.

Enemigos naturales: es pieza básica o clave para una gran variedad de animales de la fauna mediterránea que van desde el grupo de los carnívoros, sin excepción, a aves como las medianas y grandes rapaces diurnas y nocturnas, o reptiles como la culebra bastarda o la de herradura o el lagarto ocelado. Muy vulnerables a los depredadores son las crías.

Principales problemáticas: la disminución de la población de conejos por las enfermedades de la mixomatosis y la EVH, ha colocado al conejo en algunos países como España en una situación crítica, y con ello, a toda la amplia fauna que depende del mismo.

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