En el Bosque
Oso Pardo


REINO
Animalia
SUBORDEN
Caniformia
FILO
Chordata
FAMILIA
Ursidae
SUBFILO
Vertebrata
SUBFAMILIA
Ursinae
CLASE
Mammalia
GÉNERO
Ursus
SUBCLASE
Theria
ESPECIE
U. arctos
INFRACLASE
Placentalia
nombre binomial
Ursus arctos
ORDEN
Carnivora
       
 

El oso pardo es el de mayor distribución de entre todas las especies de osos, y varía mucho en tamaño dependiendo de sus alimentos y hábitats. Las áreas grandes y los espacios abiertos en su estado natural, son importantes para su supervivencia, lo cual explica por qué se pueden encontrar poblaciones en áreas tan aisladas como Alaska y el territorio de Yukón, aunque la destrucción de su medio en el resto de Norteamérica y Europa, ha provocado una gran reducción en el número de esta especie.

Durante siglos el oso ocupó grandes bosques de llanura, en la mayor parte del hemisferio boreal del planeta, pero con la humanización y desaparición de estos lugares, buscó refugio en los bosques de montaña, su reducto actual.

Las características distintivas de este oso son su joroba musculosa en el hombro, y sus largas garras, que le ayudan a cavar en busca de raíces y bulbos.

El oso pardo es un animal de constitución grande y poderosa. Si bien existe una mínima diferencia en el largo del cuerpo entre ambos sexos, los machos pueden llegar a pesar hasta el doble que las hembras, las cuales presentan una estructura más pequeña y liviana. Se alimentan intensamente desde la primavera hasta el otoño, con el fin de ganar peso y prepararse para hibernar. Longitud de cabeza y cuerpo, sin incluir la cola: entre  unos 150 y 250 cm. Peso: entre los 80 y 150 kg de promedio, con un máximo de 250 Kg.

El oso es un popular plantígrado de cabeza y orejas redondeadas, cuerpo pesado y de gran fortaleza corporal, dotado de una cola muy corta (5-20 cm), apenas perceptible visualmente.

El pelaje se renueva una vez al año, en la época estival, y  puede tener un color muy variable de un individuo a otro, que va a ir desde el marrón muy oscuro al dorado claro, pasando por diversas gamas de tonalidades grises. Una peculiaridad de la especie es que las crías suelen presentar un collar blanquecino más o menos amplio alrededor del cuello, marca que habitualmente desaparece a partir de la primera muda al año de edad, pero del que puede quedar algún resto en los adultos.

En cuanto a los sentidos, el más desarrollado es su excelente olfato, del que depende mucho para su supervivencia y búsqueda de alimento. El oído, lo tiene también muy desarrollado y es extremadamente agudo y desarrollado. Por el contrario, la visión no la tiene muy desarrollada, aunque puede ver los colores durante la noche. A larga distancia reconocen formas pero no detalles, y detectan mucho mejor animales u objetos en movimiento que inmóviles. En algunas situaciones desfavorables pueden erguirse sobre sus patas traseras para aumentar su campo de visión. Gracias a este mecanismo pueden detectar a larga distancia muchas de sus fuentes de alimento y también el estado sexual de otros ejemplares durante la época de celo.

El oso se considera una especie relativamente reciente en su aparición en el planeta, estimándose que su antepasado fue un mamífero hoy extinguido llamado Hemicyon, que se considera antepasado del oso y las hienas, y que daría paso a otro antecesor más, el Ursavus, que habitó hace unos 20 millones de años, estimándose que el oso pardo actual apareció como especie en el Plestioceno Inferior.   

Dentro de la especie oso pardo (Ursus arctos), se distinguen diez subespecies de oso pardo, algunas de ellas extintas en la actualidad:  el oso dorado (U. a. californicus), que está extinto; el oso norteafricano (U. a. crowthwri), también extinto en la actualidad; el  oso grizzly  (U. a. horribilis; el oso del Nepal (U. a. isabellinus); el oso kodiak ( U.a. middendorffi); el oso grizzly mexicano (U. a. Nelson);  el oso azul del Tíbet (U. a. pruinosus); el oso sirio (U. a. syriacus);  el oso de Hokkaido (U. a. yesoensis) y  el oso pardo europeo (U. a. arctos), que es la especie que habita  en el continente europeo, incluida la Península Ibérica. Se estima que la subespecie europea, a su vez, cuenta con dos líneas genéticas diferenciadas: la oriental y la occidental.

La población total de oso pardo del planeta se estima que puede superar los 200.000 individuos. Mientras que es muy escaso, en grave peligro de extinción en la Península Ibérica.

La vida media se estima en torno a los 20 a 25 años en libertad, aun cuando suele morir por causas naturales antes. Un estudio efectuado en el Parque Nacional de Yellowstone (EE.UU.) puso de manifiesto que la mayor mortandad se producía en los cinco primeros años de vida, edad que tan solo superaba un escaso 20% de la población. A partir de este año la mortalidad se reducía considerablemente, alcanzando la mayor parte de los supervivientes los 15 años de vida, siendo muy pocos los que llegaban a vivir en torno a los 25 años.

Tradicionalmente se ha considerado al oso como monógamo, sin embargo, la desproporción de sexos, generalmente a favor de las hembras, condiciona los hábitos sexuales de la especie, que ha pasado a mantener conductas sexuales poligámicas. La hembra, que es fértil a lo largo de toda su vida, entra en celo cada dos o tres años, una sola vez, hacia la mitad del verano, normalmente entre junio y julio. El macho mantiene su capacidad fecundadora durante todo el año, aunque con máximos en verano.

Al oso se le considera el mamífero con menor tasa reproductora de todas las especies, motivado por alcanzar muy tarde la madurez sexual y prolongarse el embarazo y cuidado de las crías durante mucho tiempo, lo que limita su tiempo disponible para procrear. La gestación es muy variable en la especie, estimándose que por lo normal dura en torno a los 7 u 8 meses, aunque también puede superar esta cifra. El parto tiene lugar en la osera invernal, en total oscuridad. Suelen nacer dos crías, con igual proporción de sexos, aunque también pueden producirse partos de un osezno, o incluso de tres.

Los osos pesan al nacer unos 350 gramos y nacen totalmente indefensos y desvalidos, careciendo de pelo, aun cuando éste se desarrolla con rapidez, de modo que a los dos meses alcanza varios centímetros de longitud, y que seguirá creciendo hasta la primera muda. A los dos meses de vida un osezno alcanza ya los 3 Kg. de peso, y al final de la lactancia, que puede prolongarse durante unos 6 meses, un peso próximo a los 12 Kg. Los oseznos acompañan a la madre hasta que son adultos, lo que será a los 16 ó 18 meses de vida.

En libertad alcanza la madurez sexual en torno a los 42 meses de vida, esto es, unos 3 años y medio, mientras que en cautividad pueden adelantarse estos períodos.

El oso se considera un omnívoro perfecto, capaz de consumir los más variados alimentos. En los albores de los tiempos, el oso fue carnívoro, pero se fue adaptando a la alimentación disponible y se modificó su dentición, adaptada a una alimentación muy variada, que va a depender de las disponibilidades alimenticias y la época del año. Comen casi cualquier cosa nutritiva. Se alimentan de una amplia variedad de alimentos de origen vegetal, incluidas las gramíneas, juncias y raíces, musgo y bulbos. Frutas, nueces, bayas y tubérculos, se consumen ampliamente durante el verano y principios del otoño. En su dieta se incluyen además insectos, hongos y raíces durante todo el año, y también cavan para cazar ratones, ardillas, marmotas y otros animales excavadores fuera de sus madrigueras. Las larvas de la polilla han demostrado ser especialmente importantes fuentes de proteínas y grasas cuando los osos pardos acumulan grasa durante el otoño.

El oso pardo se siente cómodo en el medio acuático, y puede esperar durante horas en las caídas de agua o en cursos de aguas poco profundas, listo para sumergirse en busca de su presa. Como el salmón que va a desovar nada corriente arriba, este oso se abalanza sobre él atrapándolo con sus poderosas quijadas o dándole un tremendo golpe con una de sus zarpas grandes provistas de garras. Este pez es una fuente vital de proteínas para las poblaciones costeras de oso pardo, que habitualmente son las más grandes de la especie; una vez capturado, esta presa rara vez logra escapar del oso.

 

Enemigos naturales: no los tiene, el hombre ha sido el único y tradicional enemigo natural del oso, aun cuando las águilas y lobos pueden atacar a los oseznos, a los que la madre defiende con virulencia y agresividad, por lo que las probabilidades de éxito en el ataque son muy pequeñas.

Curiosidades ecológicas: en torno al sueño invernal del oso, hay publicado todo un mundo literario, al haber atraído desde la antigüedad al hombre. Por lo general, el oso se retira a hibernar con la llegada de los primeros fríos del otoño, aunque pueden producirse algunos retrasos en años benignos. Normalmente inverna en cuevas o grutas de poca profundidad, aunque también puede hacerlo encajonado en grandes troncos huecos. Los osos menores de tres años de edad invernan en grupo, mientras que los de mayor edad lo hacen solos. La osera es cuidadosamente acondicionada para el invierno, para lo que es recubierta con musgo, helechos, hojas y ramas secas, formando una confortable cama, tapando la entrada con ramas. Durante las primeras semanas de encierro, el oso sale frecuentemente al exterior, en ocasiones a diario, para defecar y orinar, pero poco a poco las salidas se harán más esparcidas hasta cesar.

Este sueño invernal del oso no constituye una verdadera hibernación, sino que sume al oso en un estado llamado de «sopor», en el que sus sentidos permanecen alertas, y durante el cual puede efectuar esporádicas salidas, ya que no es un verdadero letargo, ni tan siquiera un sueño profundo.

 Con la llegada de la primavera el oso recobrará su actividad. El animal vuelve todos los años al mismo lugar de invernada, a no ser que sea molestado o se produzca alguna grave contrariedad.

Principales problemáticas: los daños que el oso ocasiona en cultivos, actividades apícolas, así como al ganado doméstico y en las especies cinegéticas, ha generado una ancestral persecución del oso por el hombre, que lo ha llevado al exterminio en amplios territorios.

La destrucción del hábitat y la persecución, amenazan a los osos marrones en toda su área de distribución. Un comercio creciente de productos de oso para el mercado asiático (a pesar de la falta total de evidencia de que los productos elaborados de diferentes partes del oso tengan ningún valor medicinal), pone en peligro las especies de osos en toda Eurasia y Norteamérica occidental.

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