Según la leyenda, el Basilisco era un animal mitológico, fabuloso, con cuernos de serpiente, patas de gallo, alas espinosas y cola en forma de lanza. Era considerado como el rey de las serpientes y se le atribuía la propiedad de matar con la mirada. El basilisco era un producto de la abominable unión de un gallo con una serpiente de poderes maléficos, la cual ponía un huevo que era custodiado por un sapo…
Aunque el basilisco actual es un reptil más real que el de las leyendas, su graciosa anatomía todavía se parece a la de un pequeño e inofensivo dragón. El lagarto basilisco verde (basiliscus plumifrons) es una especie de lagarto nativo de América Latina.
Su hábitat natural abarca desde México a Ecuador, en los bosques tropicales de Panamá, Costa Rica y Nicaragua. Estos lagartos son arborícolas y prefieren habitar zonas cercanas a fuentes de agua. Eligen las orillas de pequeños ríos o arroyos, donde retozan durante el día, y duermen por la noche sobre los arbustos que tienden sus ramas por encima del agua.
En ciertas zonas de México es conocido como «tequereque».
Los lagartos verdes forman parte de la familia de las iguanas. Los machos se distinguen por que tienen crestas en su cabeza y a lo largo de su cuerpo. Su función no es más que la de impresionar a las hembras.
Bajo el nombre de «basilisco», se engloban cuatro especies de lagartos que se pueden diferenciar por el color de la piel y la forma de la cresta. El color base en este animal es verde, más intenso sobre la cabeza, los costados y los apéndices, y está salpicado por manchas verde claro. Distintos tonos verdes recorren el cuerpo del basilisco, incluso algunas rayas parduscas adornan su cola. Ligeros tonos amarillos engalanan su abdomen, ofreciéndole mayor colorido.
Los machos poseen una cresta doble que, al acercarse a la madurez, experimenta un gran desarrollo, que le da al animal una apariencia señorial. Además de ésta, dispone de otra cresta que se prolonga desde el cuello hasta el final de la cola. Posee garras estilizadas pero fuertes.
Es un reptil que no crece demasiado, ya que cuando llega a la edad adulta no supera los 60-80 cm, incluyendo la larga cola, que es una de sus características. Pesan unos 200 gramos.
Viven unos 10 años en cautividad.
El carácter nervioso y acelerado es un rasgo del carácter de este «dragón». Los basiliscos son algo delicados y no toleran demasiado el contacto con el hombre. Este pequeño saurio es muy asustadizo y ante la menor amenaza, salta de las ramas donde reposa, zambulléndose en el agua, para buscar refugio.
Estos lagartos, cuando se sienten amenazados, son capaces de saltar de cualquier árbol y ponerse a esprintar sobre el agua a una velocidad de 1,5 metros por segundo. Para conseguir esto, aparte de la forma de sus pies, despliegan unas franjas de piel que aumentan la superficie del animal, favoreciendo que se mantenga en el agua. Estos mueven tan rápidamente sus patas contra el agua, que acaban creando una pequeña bolsa de aire bajo ellos que evita que se hundan y favorezca el mantenimiento de la velocidad. Pueden moverse de esa forma unos 5 metros de distancia. Cuando la gravedad actúa sobre estos, utilizan su excelente técnica de nado para continuar con su huida.
El macho es muy territorial. Tiene la costumbre de mover su cabeza hacia arriba y hacia abajo como señal de advertencia o para atraer a posibles parejas.
Los basiliscos son animales diurnos. Por eso necesitan acceso diario a los rayos solares para poder asimilar el calcio.
Los basiliscos verdes son omnívoros y se alimentan de insectos, pequeños mamíferos como roedores, e incluso algunas especies más pequeñas de lagartos. Su dieta incluye también frutos y flores. Entre sus predadores más frecuentes se encuentran las aves de presa, las zarigüeyas y las serpientes.
En cautividad, el basilisco parece perder la facultad de cambiar de color entre el día y la noche. No se han observado tales cambios cromáticos en el basilisco verde cautivo, que parece ostentar un vivo verde en todo momento.
Las hembras de esta especie ponen entre 5 y 15 huevos a la vez. Los basiliscos se incuban en huevos casi redondos de unos 2 cm, que pueden ser blancos o pardos y que la hembra entierra en arena húmeda o tierra cerca de las orillas. La incubación dura de 18 a 30 días (normalmente 20-24) y las diminutas crías, totalmente independientes, son una réplica exacta de los adultos, excepto en que carecen de crestas.
Tras depositar los huevos, la madre los deja a su propia suerte. Nada más nacer, las crías ya poseen la habilidad para correr en tierra y agua, trepar y nadar.