
El braco de Burgos es un perro fuerte y musculoso, de cabeza maciza, con doble papada bien visible, y labios abundantes y caídos.
El hocico es casi cuadrado y la trufa oscura pero no negra. Los ojos oscuros tienen una expresión melancólica. Las orejas son grandes, largas y colgantes. El tórax es profundo, con la grupa redondeada. La cola se amputa a un tercio de la longitud, y su porte es alto y alegre. Las extremidades son largas, musculosas y están perfectamente aplomadas.
El pelo es corto y fino. Lo colores blanco con manchas y jaspeado de color hígado, o bien color hígado con jaspeado blanco. Es muy frecuente, aunque no obligatorio, una mancha blanca en la frente.
La talla oscila entre los 65 y 75 cm., y el peso entre los 25 y 30 kg.
Existen dos teorías sobre su origen. La primera sostiene que es un perro autóctono, que se desarrolló, como su nombre indica, en Burgos. La segunda afirma que deriva del cruce entre un perro de caza ibérico y el sabueso español.
Las primeras referencias se remontan al siglo XVI. Una raza muy parecida se mencionaba en los Diálogos sobre el arte venatorio y la caza mayor de Alonso Martínez de Espinar, ballestero mayor de Felipe IV.
Es un perro apto para varios tipos de caza, utilizado para el faisán, la codorniz, la liebre y el corzo. Es fácilmente adiestrable y se adapta bien a cualquier terreno.
Soporta las temperaturas más rígidas y el calor, característica que le hace muy dúctil. Posee un olfato muy sensible y es un excelente cobrador.
Al margen de su aplicación para la caza, es un animal cariñoso y simpático. Podría ser un magnífico perro de compañía, pero no se le designa esta función porque es muy apreciado como cazador.
Es un perro muy robusto. Después de una jornada de caza hay que inspeccionarle las orejas para evitar irritaciones causadas por cuerpos extraños.
Viven mejor en el jardín, porque tiene una gran necesidad de hacer ejercicio físico.
Observaciones y consejos
Actualmente los resultados obtenidos por los criadores son excelentes.
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