DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES


Está en la naturaleza del hombre imponerse sobre el mundo animal, pero esto en sí mismo no guarda relación alguna con tener derechos.

En cierto momento de la historia de la humanidad, alguien concibió la noción de «derechos», y es sólo el hombre quien hace uso de este concepto. ¿Por qué entonces nos referimos a derechos de los animales? La respuesta es bien sencilla: los derechos de los animales tienen como objeto poner límites al comportamiento humano. Si fallamos al imponer límites legales claros al comportamiento humano en relación con los animales, sería imposible iniciar procesos contra quienes exceden estos límites.

Los animales son vulnerables, sin defensa y completamente sometidos al poder del ser humano. Quienes pasan por alto el bienestar de los animales, son responsables de atentar contra los derechos de los animales. Las maneras en las que nos relacionamos con ellos y los derechos que les otorgamos, tienen que ver con la ética, y ésta, debe tener su origen en la compasión, el respeto y el aprecio desinteresado hacia quienes, aunque distintos en apariencia, son semejantes ante los ojos del Amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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EN LOS MARES Y OCÉANOS - Caballito de mar

 

Dominio:

Reino:
Filo:

Clase:
Orden:
Familia:

Subfamilia:

Género:

Eukaryota
Animalia
Chordata
Actinopterygii
Syngnathiformes
Syngnathidae
Hippocampinae
Hippocampus

 

 

Los caballitos de mar son un grupo de peces marinos óseos (Teleósteos), que se clasifican dentro de la misma familia que las agujas y peces pipa (Syngnathidae).

 

Aunque la clasificación de las distintas especies de «caballitos» es muy problemática, todos están agrupados dentro de un mismo género, Hippocampus. En los últimos dos siglos se propusieron para su clasificación más de 120 especies de este curioso pez, pero dado que muchas de ellas eran en realidad la misma especie, se han desestimado como tales, estableciéndose en la actualidad 32 especies en todo el planeta; aunque todavía se esperan algunos cambios cuando ciertas especies complejas sean más cuidadosamente revisadas.

 

Parte de esta dificultad, para llevar a cabo su clasificación, radica en el hecho de que puedan cambiar de color o incluso desarrollar filamentos en su piel para mimetizarse mejor en su entorno. Tampoco se comprende muy bien cómo estos animales pueden variar en su desarrollo, tamaño y forma o cómo esto está determinado por el hábitat, localización geográfica, temperatura del medio y/o edad. La confusión es tal que conduce a muchos científicos a asumir que han encontrado una nueva especie, cuando realmente lo que están haciendo es renombrar una ya previamente descrita.

 

Su nombre se debe al peculiar parecido que presenta su cabeza con la de los caballos. De hecho, la característica de tener la cabeza en ángulo recto con el resto del cuerpo no se da en ningún otro género de peces.

 

El cuerpo de los caballitos de mar está cubierto por armadura de placas o anillos óseos. Su forma de nadar es muy diferente a la de los demás peces. Adoptan una posición erecta, impulsándose con su aleta dorsal. No tienen aleta anal. En su lugar tienen una cola prensil que se enrolla en espiral y les permite agarrarse a tallos y plantas subacuáticas.

 

 

El género Hippocampus se encuentra distribuido globalmente en ambos trópicos y en las aguas marinas templadas comprendidas entre los paralelos 45º N y 45º S, siendo en las zonas Indopacífica y Atlántica-oeste donde residen la mayoría de las especies.

 

Viven entre las algas, manglares, corales y en los estuarios, hábitats marinos que se encuentran entre los más amenazados. De hecho la degradación y destrucción de sus hábitats está aumentando la presión sobre las poblaciones de caballitos de mar. La vegetación marina es dragada o tapada al realizar rellenos en el mar; los manglares están siendo cortados e inundados con agua dulce; los corales son dinamitados o destruidos, e incluso corren un gran riesgo de desaparición por el efecto invernadero; y los estuarios están entre las zonas más contaminadas, además de estar siendo canalizados.

 

Los caballitos de mar son depredadores voraces. Sus ojos, que tienen movilidad independiente entre si, les ayudan a reconocer sus presas, pequeños crustáceos que forman parte del zooplancton. Cuando la presa se pone a su alcance es aspirada a través de su hocico óseo por medio de un rápido golpe de su cabeza. Tragan enteras a sus presas al no disponer de dientes, y se ven obligados a consumir grandes cantidades de comida para compensar su rápida e ineficiente digestión (no poseen estómago).

 

El tamaño de los caballitos adultos varía enormemente, desde el pequeño Hippocampus minotauro, una especie descubierta en Australia que no sobrepasa los 18 mm de longitud, al enorme Hippocampus ingens, especie del Pacífico que sobrepasa los 30 cm. desde la punta de su cola a la parte superior de su cabeza. Su peso varía incluso dentro de una misma especie, las hembras cuando tienen los huevos maduros y los machos cuando están preñados.

 

Su longevidad es muy variada, por ejemplo, el Hippocampus zosterae vive aproximadamente un año, mientras que las especies Indopacíficas de caballitos de tamaño medio más estudiadas, viven sobre los cuatro años.

 

Los caballitos de mar juveniles son muy vulnerables a los depredadores, la mayoría de los peces piscívoros (comedores de peces); por el contrario, los adultos no tienen muchos depredadores naturales, probablemente por ser difíciles de encontrar (usan muy bien el camuflaje), y además no deben ser muy sabrosos a causa de sus placas óseas. Los caballitos de mar se han encontrado en estómagos de grandes peces pelágicos tales como el atún, la castañeta roja, el pez dorado, etc. Los cangrejos y aves de mar (incluso los pingüinos) también se meriendan alguno de vez en cuando. Otro factor natural a tener en cuenta son las tempestades, las cuales pueden trastornar seriamente sus poblaciones, arrojando a algunos a tierra y a otros a la deriva, dando lugar, de este modo, a la muerte de muchos adultos y jóvenes y que otros sean dispersados.

 

Pero es el ser humano con su falsas creencias y su afán de posesión, como en tantos otros casos, el que los lleva casi a su extinción: en China y regiones limítrofes le otorgan poder afrodisíaco y creen que cura enfermedades como la impotencia, y nosotros los compramos para tenerlos confinados en peceras. Tal es así, que en la última conferencia mundial de la biodiversidad celebrada en Chile, se declararon a los caballitos de mar como especie a proteger.

 

El camuflaje es parte fundamental de su supervivencia, dado que lo usan tanto para capturar a sus presas como para evitar a sus depredadores. Son capaces de realizar drásticos cambios de color a largo plazo para confundirse mejor en su entorno. La mayoría de los caballitos de mar tienen colores neutros que van desde el beige, al castaño, el negro, pero posiblemente incluyan naranjas fluorescentes y profundos púrpuras, dependiendo de la especie. También son capaces de desarrollar largos filamentos de piel para confundirse entre las algas de su entorno. También pueden realizar cambios de color a corto plazo, como forma de volverse más agradables durante el cortejo sexual.

 

Los caballitos de mar viven en hábitats muy complejos, lo que favorece la maniobrabilidad sobre la velocidad. De hecho tienden a vagar lentamente sobre el fondo marino usando sus aletas dorsales para la propulsión, y sus aletas pectorales, parecidas a orejas, para la estabilidad y dirección. No poseen aletas pélvicas ni caudal. Sus lentos movimientos dan una idea de la importancia del camuflaje para evitar a sus depredadores, y de lo frágiles que pueden llegar ser en un ambiente tan hostil.

 

La mayoría de las especies de caballitos de mar realizan muy pocos y pequeños cambios de casa, la cual no parecen defender, y que consiste en un soporte central (alga, cabo, etc.) alrededor del cual enrollan su cola. Parecen fieles a su soporte, pues pueden ser encontrados repetidamente en el mismo. Estos peces se encuentran en densidades bajas, con unas interacciones altamente estructuradas tanto social como espacial. Sus habilidades de dispersión son del todo desconocidas, así como la función de las corrientes locales para facilitar sus movimientos.

 

La mayoría de estos peces son diurnos, lo que significa que su mayor actividad se desarrolla durante el día, estando particularmente animados al amanecer, cuando las parejas se unen en una espectacular «danza del vientre». Existe una especie, Hippocampus comes, en Filipinas, que ahora son nocturnos; los pescadores especulan que esto es una respuesta a la dura presión de la pesca ejercida sobre ellos.

 

La mayoría de las especies de caballitos de mar forman parejas monógamas. La hembra y el macho se ayudan repetidamente y exclusivamente uno al otro en y entre las temporadas reproductivas. El vínculo de enlace se refuerza realizando danzas de bienvenida poco después de amanecer cada día. La hembra nada alrededor del macho y ambos cambian de color paseando y haciendo piruetas juntos. Esta danza dura aproximadamente diez minutos, después de la cual la pareja se separa para el resto del día. La bienvenida continúa durante el embarazo del macho hasta que pare; la siguiente bienvenida es muy elaborada, en un cortejo total que dura casi nueve horas, y rematando con la introducción de los óvulos en la bolsa del macho. La pareja enlazada ignora a todos los demás caballitos de mar durante el cortejo.

 

Aunque todavía no se conoce mucho sobre la formación de parejas y su duración, en caso de pérdida o desaparición de la pareja, tardan mucho tiempo en volver a tomar otra pareja, en algunas especies no vuelven a tener otra.

 

Es el único género de animales donde el que se queda «embarazado» es el macho. La hembra usa su ovopositor para insertar los huevos maduros dentro de la bolsa incubadora del macho, dentro de la cual son fertilizados. Se sabe que los animales embarazados son machos porque producen esperma, mientras que las hembras producen óvulos, cumpliendo así la definición básica biológica de ambos sexos.

 

 

 

Una vez fertilizados, los óvulos se empotran en la pared de la bolsa siendo envueltos por los tejidos que revisten el interior de ésta. La bolsa se sella cerrándose, y el macho desarrolla entonces los embriones. El oxígeno se difunde a través de los capilares del tejido que reviste los óvulos. Las hormonas ayudan a crear un fluido placental que baña una pequeña parte del huevo que sobresale de los tejidos de la bolsa. El medio creado por el fluido en la bolsa se altera durante el embarazo, pasando de ser parecido a los fluidos corporales a parecerse al agua del mar circundante, presumiblemente para reducir el estrés de las crías en el momento del parto.

 

El embarazo dura entre 10 días y 6 semanas, dependiendo de las especies y de la temperatura del agua del mar. Pasado este plazo el macho entra en labor, y por medio de contracciones y bombeando del interior de su bolsa hacia el exterior, durante varias horas, expele a las crías. Éstas son réplicas en miniatura de sus padres, de unos 7-11 mm de largo, y que son capaces de arreglárselas por si mismos inmediatamente después del nacimiento. Son totalmente independientes y no vuelven a la bolsa después del nacimiento.

 

La madurez sexual del macho es visible por la existencia de la bolsa incubadora en la cola, por debajo del abdomen. Las hembras parecen madurar al mismo tiempo que los machos, siendo visible su ovopositor cuando está transfiriendo los óvulos al macho.

 

En especies estudiadas, los machos vuelven a quedar preñados rápidamente después de parir. El Hippocampus whitei experimenta sobre siete embarazos consecutivos, de una duración de 21 días cada año en Sydney (Australia).

 

La amplitud y duración de la temporada reproductiva varía con el emplazamiento, y puede estar influenciada por la luz, la temperatura y las turbulencias del agua del mar de la zona.