
Tipo: grande.
Cabeza: triangular; perfil recto sin ruptura, pelo con pinceles de lince en las orejas.
Ojos: grandes, almendrados, ligeramente oblicuos.
Cuerpo: fuerte, alargado, robusto; patas largas, las traseras más que las anteriores; mechones de pelo entre los dedos; musculatura considerable.
Cola: larga y peluda.
Pelaje: doble, pelo semilargo, capa interior densa y lanosa, manto impermeable y reluciente; pelo largo en espalda y flancos; gorguera, collarín y calzón bien tupidos.
Colores: todos excepto colourpoint, chocolate, lila, canela y fawn.
Característica: Belleza nórdica con pinceles de lince en las puntas de las orejas.
Pinceles de lince en las orejas que brillan a contraluz, una melena como la de un león, una cola muy peluda y unos densos «calzones cortos» en las patas posteriores, éstas son algunas de las características del gato de bosque de Noruega.
Ha conseguido desbancar a razas populares como el persa o el siamés de la lista de gatos domésticos más demandados, convirtiéndose así en el número uno. El Bosque de Noruega es un animal muy sano, con instinto cazador y que necesita estar acompañado por algún miembro más de su especie. Su buen carácter le convierte en un felino muy cariñoso, tranquilo y juguetón.
Estos encantadores felinos del norte no son tan grandes como los «Gentle giants» (Maine Coon), pero también alcanzan una talla espectacular. Su manto impermeable y su densa capa lanosa, le permiten aparentar un tamaño mucho mayor del que tienen en realidad. La parte inferior de sus pies está protegida por unos largos mechones de pelo que lo protegen de la nieve y evitan que se hundan en la nieve en polvo -«raquetas para la nieve»-.
Estos gatos descienden de gatos domésticos asilvestrados, por lo que son sumamente adaptables. A pesar de que sus antepasados vivían en las casas rurales de Escandinavia y llevaban una vida casi salvaje, estos grandes gatos de las frías regiones septentrionales se adaptan perfectamente a la vida doméstica. Si disponen de un rascador bien firme, juguetes, por lo menos un compañero de su raza, se les proporciona una alimentación equilibrada y se les dedica algo de tiempo, nada impedirá que se sientan a sus anchas.
Es muy aconsejable proporcionarles un cercado al aire libre o una terraza protegida. Si se le da al bosque de Noruega la oportunidad de estar en el exterior, veremos que este robusto animal no le tiene ningún miedo al viento ni a la lluvia.
La grasa de su manto le protege de la humedad, mientras que su densa capa inferior lanosa lo mantiene confortablemente caliente.
El bosque de Noruega es un animal sociable al que le encanta disfrutar de la compañía de los de su raza. Son gatos temperamentales que odian la soledad. No es nada aconsejable tener un solo ejemplar si uno pasa habitualmente gran parte del día fuera de casa. Incluso teniendo varios, su dueño ha de tener en cuenta que estos gatos van a necesitarlo.
La relación entre el gato y su dueño es un aspecto muy importante en el mantenimiento de esta raza: a estos adorables gatos les encanta convivir con la gente y se sienten miembros de la familia por derecho propio. Les gusta participar de todo y nunca hay que marginarlos de la vida cotidiana. El bosque de Noruega se interesa por todo lo que sucede a su alrededor.
Estos felinos, a los que en el siglo XIX se conocía como gatos-duende, son una obra maestra de la evolución. Su organismo se ha adaptado magníficamente al cambiante clima subártico de los bosques de Escandinavia. Los inviernos noruegos son gélidos, pero en verano puede hacer mucho calor. Estas condiciones tan dispares exigen a los animales una gran capacidad de adaptación.
El bosque de Noruega ha conseguido adaptarse a la perfección: durante el invierno está protegido por un grueso abrigo, su espera lana lo protege de las temperaturas polares; el pelo de la capa exterior del manto está impregnado de una grasa que lo protege del agua, de la humedad y del viento. Sus orejas están provistas de unos mechones de pelo que las protegen del frío. También los pelos situados entre los dedos de las patas ayudan a proteger al Norsk Skogkatt del frío.
Aunque su país de procedencia, Noruega, queda muy claro en el nombre, lo que no se sabe con seguridad es si siempre se ha considerado como una raza original o si ha derivado del cruce de otras dos: una de pelo largo, como puede ser el angora, que fue llevado en barco a este país, con el montés, habitante de sus bosques.
El origen de estos temperamentales y adorables moradores de los bosques noruegos está envuelto en mitos y leyendas. Parece ser que, una vez, el dios Thor intentó levantar un gato de bosque de Noruega, pero le resultó demasiado grande y pesado. Por lo visto, también la rubia diosa Freja sabía apreciar la fuerza de los gatos de bosque: según la mitología escandinava, el carro de Freja estaba tirado por gatos de bosque.
El inicio de la cría selectiva ya está mejor documentado: el estándar establecido en 1972 se basó en las características de un gato llamado «pans truls». Pero el reconocimiento de la FIFe se hizo esperar hasta 1976. En 1977, los gatos de bosque de Noruega obtuvieron por primera vez el estatus de campeones.
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