
Tipo: mediano.
Cabeza: redondeada; rostro ancho con ojos bien separados; suave transición a un hocico ancho, redondeado y bien desarrollado.
Ojos: redondos, bien separados.
Cuerpo: mediano, musculoso, ni compacto ni largo.
Cola: de longitud media, recta.
Pelaje: corto, brillante, pegado al cuerpo. De textura satinada.
Colores: en los gatos adultos, el pelo ha de ser negro hasta la raíz; la nariz y las almohadillas de las patas han de ser negras.
Característica: Pantera en miniatura con ojos cobrizos.
El gato bombay lo tiene mal. En Europa no debe haber más de 20 ejemplares de pura raza, y parece ser que en todo el mundo no llegan a 100, pero la mayoría de ellos no son reproductores, lo cual aún complica mucho más las cosas.
Desde que falleció la gran dama de la cría del bombay –la criadora alemana Hilde Frank-, es necesario desarrollar verdaderas facultades detectivescas para poder averiguar algo acerca del destino de este felino con aspecto de pantera. Las camadas se han vuelto muy raras en todo el mundo.
La similitud del gato bombay con una cría de pantera produce sentimientos controvertidos en las personas. Muchos se atemorizan en su presencia y otras, en cambio, se sienten atraídas por su sinuoso aspecto. De todos modos, la primera impresión no siempre es la más valiosa, ya que es un perfecto animal de compañía que se adapta rápidamente a lugares poco espaciosos. El bombay es una de las razas más modernas hoy en día, y se trata de un gato muy cariñoso y encantador.
Parece ser que existe una gran similitud entre el carácter del bombay y el gato burmés. Y no es raro que así sea, ya que la raza americana desciende del cruce entre un burmés sable/marrón y un gato american shorthair de color negro.
El bombay vive igual de bien en un piso que en una casa en la que disfruten de acceso al jardín. Los aficionados a esta raza aprecian la calma y el equilibrio de este hermoso gato de color negro carbón, pero también saben que su aplomo hace que se puedan llevar mejor con un perro que con sus congéneres. Su carácter dominante puede cristalizar en constantes enfrentamientos, lo cual, a la larga, pone de los nervios a cualquiera.
Se dice que el gato bombay es un animal muy inteligente. Busca constantemente el contacto con su dueño, le gusta que lo acaricien, que lo cepillen suavemente y que jueguen con él. Muchos de ellos son capaces de aprender a hacer las más divertidas acrobacias: saltar del armario cuando reciba la orden, traer juguetes, o saltar a los brazos de su dueño cuando éste se lo pida. Para algunos bombay esto es un juego de niños. Y es curioso que muchos sean capaces de aprender a caminar por la cuerda floja. Al contrario de muchas otras razas, que consideran una verdadera ofensa el llevar collar o correa y se defienden con todas sus fuerzas, los bombay lo aceptan con relativa facilidad. Les gusta salir a dar cortos paseos con su dueño. Y estos gatos negros también comparten otra característica con el burmés: les gusta el calor y disfrutan deslizándose entre las mantas y los edredones de la cama.
Puede que la voz de esta raza no sea del agrado de todo el mundo, pero tampoco es tan chillona como la del siamés. Su parloteo es otra de las características de esta raza a las que su dueño tendrá que acostumbrarse tanto si le gusta como si no.
Los bombay son gatos que maduran rápidamente, y generalmente alcanzan la madurez sexual a la edad de seis o nueve meses. Ha habido machos a los que a la tierna edad de cinco meses ya se les podía felicitar por el nacimiento de su primera camada.
Pero el desarrollo corporal es algo más lento. El macho alcanza su máximo desarrollo a los dos años, y es entonces cuando podemos apreciar toda su belleza.
La historia del gato bombay se inicia en los 50 con «Bagheera», la pantera negra del «Libro de la selva». Y, naturalmente, no empezó en Bombay sino en Estados Unidos.
El deseo de crear una raza de gato que guardase un gran parecido con una pantera negra, hizo que la «madre» de esta raza, la criadora Nikki Horner, se pusiese a trabajar en ello sin descanso. Quería conseguir un gato cuya espléndida musculatura, elasticidad y elegancia se pudiesen comparar con las del gran felino negro. Y lo consiguió: la raza fue reconocida por la CFA (Cat Fanciers Association) en 1970.
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