
Tipo: oriental.
Cabeza: de tamaño medio, bien equilibrada, triangular, de perfil recto, hocico fino, orejas grandes y puntiagudas.
Ojos: medianamente grandes, ni prominentes ni hundidos, almendrados, ligeramente oblicuos; de color azul intenso.
Cuerpo: alargado, esbelto, grácil, elegante, osamenta fina y musculatura fina.
Cola: muy larga, delgada y puntiaguda.
Pelaje: Fino y sedoso, semilargo en el cuerpo y algo más largo en el vientre, hombros y cola.
Colores: blanco, solid points y tabbit points en varias coloraciones sólidas y tortuga (la CFA sólo admite cuatro: seal point, blue point, chocolate point y lilac point).
Carácter: Tan grácil como las bailarinas balinesas.
El origen del balinés hay que ir a buscarlo en Estados Unidos, donde apareció hace unos 50-60 años. Nada tienen que ver con la isla indonesia de Bali, pero su nombre debió surgir de un círculo inspirado en esta cultura.
Desde el punto de vista de los criadores, los balineses son siameses de pelo largo, por este motivo, el balinés tiene el mismo estándar que el siamés –excepto por lo que respecta al pelaje-. En las camadas de los siameses siempre habían aparecido ocasionalmente gatitos de pelo largo, pero nadie hablaba de ello. Después de todo, esos gatos no cumplían con el estándar y no se presentaban en exposiciones. Sin embargo, con el paso del tiempo se empezó a apreciar su belleza.
Helen Smith, que es una de las pioneras en la cría de esta raza, comentó: «el garbo y la gracia de estos gatos, me recuerda al de las bailarinas balinesas»… así propagó el que acabaría convirtiéndose en su nombre oficial.
A esta veterana criadora de gatos siameses le encantaban los gatitos de pelo largo que a veces aparecían en las camadas de sus siameses. Helen Smith no se dedicó a soñar con la cría, sino que se puso a trabajar duramente en ello: participó en un programa de cría y consiguió que en 1961 se pudieran mostrar ocho balineses en una exposición celebrada en Estados Unidos. Siete años más tarde sorprendió al maravillado público con 23 representantes de esta elegante raza felina.
La CFA (Ca´st Fanciers Association) reconocería esta «nueva» raza en el mismo año (1970), con lo que los balineses ya podían participar en concursos. Después de que los balineses hicieran furor en Estados Unidos, en Europa también surgió interés por estas bellezas de pelo largo, hasta que fueron reconocidos por la FIFe en 1983, con lo que pareció tener el camino despejado para la cría y para las exposiciones.
Pero los que habían soñado con que los balineses tendrían un gran éxito, quedaron decepcionados. En toda Europa solamente hubo un puñado de criadores que se interesaron por esta raza, y hasta hoy las cosas no han cambiado mucho. El balinés sigue siendo una de las razas de gatos más escasos y no disfruta, ni de lejos, de una popularidad tan grande como el resto de razas.
Los balineses son sociables y amistosos. Necesitan compañía, de cualquier tipo. La persona que se pase el día fuera de casa y desee tener un gato de esta raza, de ningún modo deberá tener un solo ejemplar. A este gato tan vivaz no le gusta nada estar solo. A la larga se volvería triste y depresivo. La presencia de otros gatos puede sentarle bien, pero lo mejor es que su dueño pueda ocuparse mucho de él.
El gato balinés es el que antes alcanza la madurez sexual. En cuanto a las hembras, no es raro que tengan el primer celo a los seis meses, y los machos también maduran muy pronto. Y éste es el momento en que el desprevenido poseedor de un balinés se entera de lo potente que puede ser la voz de su gato.
Si se compara el aspecto de los balineses «modernos» con el de los primeros ejemplares que se criaron, se nota una importante diferencia: todo su genotipo se ha modificado para ganar en perfección y expresividad.
Los periódicos cruzamientos con siameses han permitido que actualmente podamos disfrutar de balineses de pelo semilargo y características muy definidas. Este estupendo resultado es la recompensa por la labor realizada durante décadas por un grupo relativamente pequeño de apasionados criadores.
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