
La era de los descubrimientos
Los humanos han explotado prácticamente todos los rincones de la superficie terrestre, y el incremento de la población ha creado una creciente presión sobre los ecosistemas del Planeta.
La pérdida y fragmentación de hábitats, es la principal causa de la extinción, pero la biodiversidad, también resulta amenazada por la introducción de nuevas especies que se establecen en zonas ajenas a su ámbito natural.
En todo el mundo la vegetación natural ha sido obstaculizada y dominada por la maleza, y gran cantidad de especies de animales nativas, han sido conducidas a la extinción por la introducción de otras. Se ha calculado que el 40% de todas las especies extinguidas en los últimos 400 años, lo han sido por la introducción accidental o deliberada de otras especies foráneas.
Cuando los productores navales en Europa produjeron los primeros barcos capaces de realizar grandes viajes, los navegantes comenzaron a buscar nuevas tierras, rutas comerciales y tesoros, aunque simplemente viajaban hacia lo desconocido, y muchos transportaban animales vivos como cabras y ovejas a fin de disponer de carne fresca.
Al incrementarse el comercio mundial, cada vez más especies ajenas llegaron a todas partes. Una forma muy frecuente, se debe al agua que se utiliza como lastre para estabilizar las embarcaciones cuando no llevan carga... agua que se vierte en otros puertos. Se calcula que unas 3.000 especies (bacterias, plancton, invertebrados marinos, plantas acuáticas, algas y grupos de peces), son transportados de este modo por el mundo.
Una de las razones por las que algunas especies prosperan en las zonas que invaden, se debe al hecho de que los parásitos y predadores que las controlan, se mantienen en su hábitat original. La serpiente arborícola marrón, una especie propia del sudoeste asiático, llegó accidentalmente a la isla de Guam; en ausencia de predadores, la población creció tan rápidamente, que en 20 años habían exterminado casi por completo a las aves de los bosques autóctonos de las islas.
Existen incontables ejemplos en todo el mundo, pero si un lugar ha sufrido especialmente, es Australia: durante los años 1840 y 1880, los colonos liberaron más de 50 especies de vertebrados no indígenas, incluidos zorros, cerdos y gatos. Los conejos fueron introducidos para practicar la caza, pero en poco más de un siglo, se habían difundido por una gran parte del continente, inhibiendo la regeneración de plantas, y compitiendo con la fauna autóctona y el ganado.
La revolución agrícola
La mecanización en el siglo XX, significó que menos personas podían producir más comida para más gente, y que la selección de semillas y el uso de abonos, aumentó los rendimientos.
La producción mundial de alimentos, se acerca a 6.000 millones de toneladas métricas anuales, pero cada vez más, el cultivo intensivo ejerce un efecto muy perjudicial sobre el medio.
Cuando un hábitat natural se transforma para uso agrícola, los ecosistemas complejos, ricos en especies, se ven reemplazados por sencillos entornos agrarios poco variados.
Cuando la vegetación natural se sustituye por la agricultura, el suelo se convierte en vulnerable a la sequía y la erosión, haciendo que millones de toneladas de tierra sean arrastradas por el viento o por el agua. Con el tiempo, la fertilidad de la tierra disminuye, y el exceso de pasto y el cultivo intensivo, conducen a la disminución de cosechas, y, finalmente, a la desertización.
El uso excesivo de fertilizantes, ha permitido el cultivo de tierras cada vez más degradadas, pero el exceso de nitrógeno y de fósforo en el suelo, acaba en los ríos y humedales, donde provoca cambios drásticos en las comunidades de seres vivos, y reduce la abundancia de especies.
La revolución industrial
A partir del siglo XVIII, se produjo un notable cambio cuando los ingenieros empezaron a aprovechar el sorprendente potencial de los combustibles fósiles. La siderurgia se expandió, y surgieron las primeras fábricas y ciudades industriales.
Este progreso, transformó la sociedad -en su organización y estructura-, y tendría también consecuencias transcendentales para el medio ambiente.
La industria química ha provocado graves problemas a los seres vivos. Genera cientos de compuestos tóxicos, incluyendo contaminantes orgánicos persistentes, como el DDT. Cuando se liberan en el medio ambiente, estos contaminantes se integran en la cadena alimentaria, y alcanzan elevadas concentraciones en los cuerpos de los predadores superiores: en los tejidos humanos se han encontrado restos de casi 300 substancias químicas que no estaban presentes cien años antes.
Desde el incio de la revolución industrial, la población se ha incrementado notablemente, y también la cantidad de energía que utiliza. El uso de energía primaria para la calefacción, el transporte y la generación de electricidad, es de 400 millones de julios anuales, que equivalen a más de 13.000 millones de toneladas de carbón, y la cifra puede duplicarse durante los próximos 50 años.
Siempre que se queman combustibles fósiles (petróleo), el carbono que contiene pasa al aire en forma de dióxido de carbono, cuyas consecuencias son ahora bien conocidas, y resultan preocupantes (efecto invernadero).
El resultado de todos estos cambios, será extremadamente trascendente. Las condiciones climáticas serán más impredecibles, y, posiblemente, más extremas; algunas zonas se secarán, y otras serán más húmedas que en la actualidad... la vegetación migrará hacia el norte, y las especies adaptadas a regiones montañosas, no tendrán a donde ir. Extensas áreas costeras, sufrirán inundaciones, si los glaciares y los hielos polares continúan fundiéndose.
Explotar la naturaleza
Resulta evidente que utilizar en exceso determinados recursos, puede conducir a su agotamiento. La sobreexplotación del suelo por el cultivo, produce una disminución de la fertilidad y de las cosechas. El exceso de caza y pesca, ha provocado la extinción de numerosas especies. La necesidad de la sostenibilidad no es difícil de comprender, pero la política y el beneficio, cuentan a menudo más que la ciencia y el sentido común.
Comercio injusto
La actitud frente al comercio de productos de fauna salvaje, está cambiando lentamente en muchas zonas del mundo al adquirir conciencia del daño ambiental, así como del dolor y el sufrimiento que se provoca. Sin embargo, el comercio internacional ilegal, asciende a miles de millones de euros anuales, afecta a miles de especies en peligro, y origina numerosas extinciones.
Selección contranatura
Los seres humanos son animales vertebrados relativamente grandes. Cuando observamos un paisaje, distinguimos enseguida mamíferos, aves y reptiles, que también lo son.
Nos fijamos poco, en cambio, en las incontables pequeñas criaturas como insectos, gusanos y microorganismos, que aportan mucho más a la supervivencia y a la salud de los ecosistemas.
En una encuesta reciente, nueve de cada diez personas dijeron que estarían dispuestas a destinar dinero de sus impuestos para salvar de la extinción al panda gigante; una de cada diez, optaría por salvar al lirón euroasiático. Nadie estaba interesado en las avispas o los escarabajos peloteros... las criaturas peludas resultan más atractivas para los humanos que las cubiertas de escamas; no es casualidad que las organizaciones de defensa de la fauna hayan elegido grandes y llamativos animales como emblema... la imagen de un panda abre con más seguridad la cartera, que un crustáceo o una serpiente, aún cuando éstos se encuentren igualmente en peligro de extinción.
Un héroe anónimo...
Si se piensa en el escarabajo pelotero, recordamos al escarabajo sagrado del antiguo Egipto. Sin embargo, existen miles de especies de escarabajo pelotero agrupadas en la familia Scarabaeidae, y su valor para los ecosistemas, es inconmensurable: enterrando los excrementos, aumentan el rendimiento de los pastos, que, de otro modo, quedarían cubiertos por ellos; reciclan el nitrógeno, introduciéndolo en la tierra, en caso contrario, se perdería en la atmósfera. Reducen la incidencia de los parásitos del ganado vacuno, y reducen las plagas de moscas que crían en el estiércol.
El valor estimado de estos "servicios gratuitos", es de miles de millones de euros.
Desgraciadamente, los "servicios" que muchos animales prestan, sólo acaban siendo reconocidos cuando el animal desaparece.
especies en peligro de extinción
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Monotremas y marsupiales
Insectívoros
Murciélagos
Primates
Osos hormigueros y semejantes
Liebres y conejos ratones y
semejantes
Ardillas y semejantes
Cetáceos
Cánidos
Osos
Mustélidos
Felinos
Focas y leones marinos
Dugongos y manatíes
Elefantes Équidos
Rinocerontes y tapires
Cerdos e hipopótamos
Camellos
Ciervos y jirafas
Bóvidos
Avestruces y semejantes
Albatros y petreles
Pingüinos |
Pelícanos y garzas
Aves acuáticas
Buitres
Águilas, halcones y gavilanes
Aves de caza grullas y semejantes
Limícolas, gaviotas y alcas
Palomas
Loros
Búhos y chotacabras
Colibríes y vencejos
Cálaos y pájaros carpinteros
Pájaros
Tortugas
Serpientes
Lagartos
Cocodrilos y caimanes
Anfibios
Tiburones
Mantas y rayas
Peces
Moluscos
Corales
Artrópodos |
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