DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES


Está en la naturaleza del hombre imponerse sobre el mundo animal, pero esto en sí mismo no guarda relación alguna con tener derechos.

En cierto momento de la historia de la humanidad, alguien concibió la noción de «derechos», y es sólo el hombre quien hace uso de este concepto. ¿Por qué entonces nos referimos a derechos de los animales? La respuesta es bien sencilla: los derechos de los animales tienen como objeto poner límites al comportamiento humano. Si fallamos al imponer límites legales claros al comportamiento humano en relación con los animales, sería imposible iniciar procesos contra quienes exceden estos límites.

Los animales son vulnerables, sin defensa y completamente sometidos al poder del ser humano. Quienes pasan por alto el bienestar de los animales, son responsables de atentar contra los derechos de los animales. Las maneras en las que nos relacionamos con ellos y los derechos que les otorgamos, tienen que ver con la ética, y ésta, debe tener su origen en la compasión, el respeto y el aprecio desinteresado hacia quienes, aunque distintos en apariencia, son semejantes ante los ojos del Amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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EN EL DESIERTO - Jerbo de Mongolia

 

Reino:
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Clase:
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Suborden:

Superfamilia:
Familia:

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Género:

Subgénero:

Especie:

Nombre binomial:

Animalia
Chordata
Mammalia
Rodentia
Myomorpha
Muroidea
Muridae
Gerbillinae
Meriones
Pallasiomys
Meriones Unguiculatus
Meriones unguiculatus

 

 

Su apariencia es encantadora. Al ver por primera vez a un jerbo, observamos que es una adorable criatura con grandes ojos y largas patas traseras, lleno de energía, inquieto y algo curioso, y muy dócil. Está fuertemente emparentado con el hámster, pese a que su aspecto externo pueda indicar lo contrario.

 

A estos pequeños roedores les encanta andar inspeccionando lo que sucede a su alrededor. Así por ejemplo, si alguien se acerca, ellos se pararán sobre sus dos patas traseras, levantarán la cabeza y olfatearán para saber de qué o quién se trata.

 

Son primariamente nocturnos y omnívoros. En condiciones naturales los gerbos se alimentan de semillas y vegetales, con algún aporte ocasional de proteína en forma de insecto.

 

 

Existen jerbos de muchos colores. Hay aproximadamente 30 variedades de tonalidades, la coloración salvaje es la denominada como agutí (similar a la de los conejos silvestres); el pelo tiene la base gris, una zona central amarillenta y la punta negra. La zona ventral y la parte más distal de las extremidades es de color blanco o crema. La región mandibular es negra. Los gerbos más comunes son de color negro, café, blanco, dorado, gris, y el ya mencionado agutí. Por otra parte, sus grandes y saltones ojos, pueden ser negros o rojos. El cráneo es más corto y ancho que en los ratones, las orejas son grandes y cubiertas de pelo. Pero, quizá lo más característico de su fisonomía son sus patas traseras, las cuales ostentan mayor tamaño que las delanteras, lo que les permite moverse a saltos erguidos sobre ellas, pudiendo saltar varias decenas de centímetros a lo largo, y más o menos unos 15 cm. a lo alto.

 

Los gerbos son animales de 18 a 24 cm. de largo, de los cuales de 6 a 12 corresponden a la cola peluda. Poseen ojos grandes y negros (rojos para algunas variedades de color), el cráneo es más corto y ancho que en los ratones, las orejas son grandes y cubiertas de pelo. Su cola, también cubierta de pelo, acaba en un penacho.

 

En el mundo existen más de 80 especies de gerbos, distribuidos en los áridos desiertos de Asia y África. Los más conocidos son los gerbos de Mongolia (llamados también ratón canguro, canguro de bolsillo, gerbil -nombre en inglés- o jerbo), quienes –como su nombre indica- son originarios del desierto de Mongolia y China, en Asia Central, y pasaron de ser un animal de laboratorio a animal de compañía, tanto es así, que es posible encontrarlos en muchas tiendas de mascotas en la actualidad.

 

En su medio natural excavan túneles con múltiples cámaras en el suelo del desierto, en la cercanía de plantas, cuyas raíces evitan que el suelo arenoso se derrumbe colapsando los túneles. Sus madrigueras cuentan con despensas y un nido para cría, además de múltiples salidas. Viven en parejas o pequeños grupos familiares. Nunca se alejan mucho de la entrada de sus madrigueras. Si se ven en peligro huyen a grandes saltos utilizando sus extremidades posteriores hasta la seguridad de sus túneles.

 

 

Este pequeño roedor empieza ahora a conquistar su lugar en el mundo de los animales de estimación. Su carácter dócil y sociable lo distingue de muchos de sus parientes roedores.

 

Posee un faro muy apurado, el que explica el hecho de que fue muy utilizado en las fronteras para detectar drogas. Los dientes incisivos crecen durante toda la vida del animal, por eso necesita roer bastantes semillas y troncos.

 

Los gerbos, como todos los roedores, tienen una vida relativamente corta. Lo habitual es que vivan alrededor de tres o cuatro años, aunque excepcionalmente pueden llegar a los seis.

 

Los gerbillos suelen alcanzar la madurez sexual alrededor de los tres meses de edad, a partir de entonces la hembra presentará celo cada 28 días. La gestación dura de 21 a 25 días en condiciones normales, pero si la hembra está preñada y cuida a otra camada, el parto se retrasará hasta que la primera camada sea independiente. El número medio de crías por camada es de 4 - 5, pero pueden nacer hasta diez, la hembra presenta un celo justo después del parto, que es un celo fértil (la hembra puede quedar gestante sin ningún problema).

 

Las crías no tienen pelo al nacer, son sordas y ciegas, no miden más de 3 cm. y pesan unos 2,5 gramos. A partir de los diez días de vida las crías comenzarán a salir del nido. Con tres semanas ya ingerirán alimentos sólidos y con 4 serán independientes.

 

No es excesivamente difícil diferenciar el sexo en el caso de estos animales, salvo que sean muy jóvenes. El mejor método y también el más precoz (a partir de la 5ª semana) es fijarse en la distancia entre el ano y la abertura genital, que es mucho más pequeña en las hembras que en los machos. Para que la identificación sea aceptable, generalmente hay que comparar dos animales. Además en el caso de los machos y a partir de las siete semanas de vida, se puede observar perfectamente un abultamiento en la base de la cola que corresponde al escroto. Para realizar la determinación es preferible observar al animal por detrás levantándole la cola que ponerle boca arriba (a ningún mamífero le gusta estar boca arriba porque se siente indefenso).